jueves, 25 de agosto de 2011

El cañaveral

El nombre te resulta conocido, se parece a un pueblo que conoces...

¡¡¡Como no!!! esa curiosidad característica tuya te lleva a poner el intermitente en el coche y cambiar el rumbo. La carretera se convierte en un pequeño camino mal asfaltado, no se puede ir a mucha velocidad, lo que favorece que disfrutes del paisaje... Ese paisaje típico de los campos de Castilla, sus tierras aradas, productos de secano, campos amarillos recién segados, las encinas solitarias, ese olor característico a tierra...

Poco a poco, lentamente, vas llegando al pueblo, rodeado de grandes, frondosos y verdes árboles (lo cual contrasta con el paisaje). Es un pueblo pequeñito, las pocas casas que hay son de piedra y madera, como a ti tanto te gustan; parece que todas han sido restauradas recientemente aunque siguen manteniendo su encanto.

Al llegar al final del pueblo... llegas a un pequeño cementerio y allí lo ves, una pequeña fuente natural, un caminito estrecho de tierra, un cortado en la montaña hecho por un antiguo río durante siglos... y un hermoso cañaveral...
Una canciocita infatil resuena inocente en tu cabeza... "al cañaveral... a la orillita del mar..."


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